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Minuciosamente humanos

10/09/2012

Isabel Molina

La reciente publicación del papel fundamental del ADN llamado ‘basura’ (porque no contiene genes que den lugar a proteínas) en la genética humana ha dado la vuelta a la idea que durante años se tuvo sobre el ADN: que era una molécula formada por regiones que constituyen los genes (un 2% aproximadamente) que realizan su función a través de proteínas, y con un 98% de material inservible.

El proyecto de análisis de este ADN supuestamente inútil, llamado Encode ( Enciclopedia de Elementos del ADN), ha reunido durante años una cantidad ingente de datos sobre la localización y función de miles de estas regiones de material genético, que lejos de ser basura genética, se ha descubierto que es esencial para el correcto funcionamiento del organismo.

Ahora bien, los científicos coinciden en que se tardará años, probablemente décadas, en traducir esta enorme cantidad de datos acumulados en un conocimiento real de su implicación en la genética humana. Aún así, el optimismo es generalizado, cada vez se ve más cerca la medicina personalizada y ya puede decirse que sin todo ese material genético en apariencia desechable, no seríamos lo que somos.

¿Y qué somos?
La investigación con células madre en las últimas décadas se ha convertido en la promesa futura que acabará por contarnos un día por qué somos así, si no filosóficamente, al menos sí biológicamente.
A esta cuestión se dedican biólogos y genetistas del desarrollo de todo el mundo. Entre todos tratan de desentrañar todos los mecanismos moleculares que gobiernan a estas células e intentan contestar algunas preguntas aún sin respuestas completamente satisfactorias. ¿Cómo, a partir de una única célula, pueden obtenerse hasta 200 tipos de células distintas? ¿cómo su ‘programación’ puede hacer que se complete un ser humano con sus órganos y tejidos perfectamente organizados? ¿por qué hay animales, como el axolotl (ajolote), capaces de autorregenerar extremidades completamente funcionales que habían perdido?

Medicina regenerativa
El axolotl tiene nombre azteca y, de hecho, es una especie de anfibio endémica de México. Quizás nadie describió a estas extrañas criaturas con tanto detalle y cuidado como Julio Cortázar en su cuento ‘Axolotl’: “Vi un cuerpecito rosado y como translúcido [ ], semejante a un pequeño lagarto de quince centímetros, terminado en una cola de pez de una delicadeza extraordinaria [ ]. Por el lomo le corría una aleta transparente que se fusionaba con la cola, pero lo que me obsesionó fueron las patas, de una finura sutilísima, acabadas en menudos dedos, en uñas minuciosamente humanas”.

El boom de las células madre hizo pensar durante un tiempo que estábamos a un paso de conseguir regenerar todo tipo de tejidos y órganos completos, pero la ciencia necesita su tiempo. En el laboratorio de Juan Carlos Izpisúa investigan los mecanismos que gobiernan la autorregeneración del axolotl, y aunque los avances en el trabajo con células madre han sido muchos,  aún estamos lejos de adquirir capacidades que sólo algunos elegidos como este bello animal, poseen.

La madre de todas las células
No hay un único tipo de célula madre: las hay que pueden dar lugar a todos los tipos celulares del organismo, como las embrionarias. Otras, las células madre adultas, se encuentran en tejidos específicos y se diferencian a ese tipo celular particular. Y algunas como las de cordón umbilical pueden producir todo un linaje celular, el sanguíneo, además de otros tipos celulares como neuronas o hepatocitos.

Células embrionarias de ratón. Imagen: Nacho del Valle, investigador del Instituto Max-Planck

Éstas últimas llevan años usándose para el tratamiento de patologías de la sangre, como las leucemias. De ahí que hayan proliferado los bancos de cordón umbilical privados y los padres decidan invertir en congelar los cordones de sus hijos para posibles y futuras patologías. En realidad hoy en día son muy escasas las probabilidades de que un niño enfermo pueda tratarse con sus propias células de cordón, ya que normalmente éstas también están enfermas, aunque existe algún caso de autotransplante. Es más frecuente que se usen las células de cordón congeladas de un hermano sano, que precisamente por no ser idénticas, resultan más eficaces. Muchos investigadores defienden los bancos públicos de cordón por esta probabilidad tan baja de usar uno propio, y añaden que así todo el mundo puede beneficiarse de estos tratamientos. En el programa de Saludbiotec12 nos aclaran este tema.

Lo cierto es que la sociedad ha acogido a las células madre con naturalidad y entusiasmo. Raro es el día en que no encontramos en los periódicos alguna nueva noticia sobre estas células: desde que se han conseguido obtener neuronas a partir de células madre de cordón umbilical hasta que lo último en tratamiento de patologías de rodilla es la utilización de células madre. Incluso algunos, aprovechando el tirón de investigaciones realmente serias, se han apuntado a esta ‘moda’ sacando al mercado una crema antiarrugas con células madre de manzana que promete devolvernos la belleza original de Eva. Ahí es nada.

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